martes, 25 de febrero de 2014

                                           MILAGRO DE JESÚS



  Cuando Jesús se acercaba a Jericó, un ciego estaba sentado al borde del camino pidiendo limosna. Al oír que pasaba mucha gente, preguntó qué sucedía y le respondieron que pasaba Jesús de Nazaret. El ciego se puso a gritar: 

— ¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!

Los que iban delante lo reprendían para que se callara, pero él gritaba más fuerte: 

— ¡Hijo de David, ten compasión de mí!.

Jesús se detuvo y mandó que se lo trajeran. Cuando lo tuvo a su lado, le preguntó: 

— ¿Qué quieres que haga por ti?

— Señor, que yo vea otra vez. 

Jesús escupió en la tierra, hizo barro con la saliva, untó con el barro los ojos del ciego y le dijo: 

— Vete, lávate en la piscina de Siloé.

Él fue, se lavó y volvió ya viendo.